17/02/2016 | CIENCIAS BIOLÓGICAS Y DE LA SALUD
Ciencia fértil
Investigadores cordobeses aportan sus conocimientos para mejorar la eficacia de los tratamientos de fertilización asistida en un hospital público.
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De izq. A der.: Esteban Dominguez, Marisa Cubilla, Alejandro Guidobaldi, Laura C. Giojalas, María Noel Gallea, Anahi Franchi. Foto CCT Córdoba

La reproducción como medio para perpetuar la especie responde a un instinto básico. Pero además, en los seres humanos ha ido adquiriendo una significación social muy compleja que lo convierte en un proyecto de vida, al que se puede o no aspirar, y en consecuencia un anhelo, un sueño profundo para muchas personas y familias. Sin embargo, por diversas causas, tener un hijo por vías naturales no siempre es posible.

En este sentido, la Organización Mundial de la Salud reconoce a la infertilidad como una enfermedad y ya desde 2004 ha adoptado estrategias mundiales en esta materia por considerar que “la mala salud sexual y reproductiva representa cerca del 20 por ciento de la carga de mala salud de las mujeres y del 14 por ciento de la de los hombres”.

En esta misma dirección se aprobó en Argentina, a fines del año 2010, la Ley de Fertilización Asistida que garantiza la gratuidad de los tratamientos en hospitales públicos y la cobertura de los mismos por parte de las obras sociales, incluyéndolos en los planes médicos obligatorios. Con este objetivo comenzó a funcionar en Córdoba el Instituto Universitario de Medicina Reproductiva (IUMER), con sede en el Hospital Universitario de Maternidad y Neonatología de la Universidad Nacional de Córdoba.

Dicho instituto es el primer centro del interior del país donde se realizan tratamientos de fertilización asistida de alta complejidad de forma gratuita. Además alberga actividades científicas y tecnológicas a través del trabajo mancomunado con el grupo que lidera la investigadora principal del CONICET Laura Giojalas en el Instituto de Investigaciones Biológicas y Tecnológicas (IIByT, CONICET – UNC).

“Las técnicas de fertilización asistida son muy costosas y la eficiencia es sólo del 30 por ciento. Nuestro aporte sería tratar de mejorar las probabilidades de éxito de los tratamientos a través de la selección espermática, una técnica en la que venimos trabajando hace años”, explica Giojalas.

Estos científicos estudian diversos aspectos de las funciones de los espermatozoides y de la comunicación a distancia con el ovocito – célula embrionaria que se produce en el ovario para luego ser fecundada y dar origen a un embrión-. En base a sus descubrimientos pudieron desarrollar un dispositivo que permite seleccionar los espermatozoides más aptos para la fecundación y que, ahora, servirá para mejorar los tratamientos existentes.

 

El laboratorio como base

El equipo que dirige Giojalas descubrió que la hormona llamada progesterona, que es liberada por las células que rodean al ovocito, se difunde a través del medio líquido en el que se encuentra, formando un gradiente. Es decir que alrededor del ovocito hay una concentración mayor de progesterona, que luego va disminuyendo progresivamente a medida que se aleja de la fuente de emisión.

Esta hormona funciona, cuando forma este gradiente, como una molécula atractante para los espermatozoides que orientan su trayecto hacia la fuente y así logran fecundar el ovocito. “Sin embargo, vimos que sólo los espermatozoides que están preparados para fecundar tienen esta capacidad y esta población es de aproximadamente del 10 por ciento en una muestra de semen normal. Pero además, el gradiente de progesterona ayuda a la capacitación de los espermatozoides en mejores condiciones, para que estén en el estado óptimo y también a desechar a los que no estén en buenas condiciones” explica la investigadora.

 

El conocimiento en actos

Sabían que la molécula atractante es la progesterona, que es fisiológica –que se produce naturalmente- y que está presente en el tracto reproductor femenino. El paso siguiente fue pensar en utilizar estos conocimientos para diseñar un método y un dispositivo para seleccionar los espermatozoides más aptos teniendo en cuenta tres parámetros fundamentales para el éxito de la fecundación y el desarrollo embrionario temprano: la preparación a nivel fisiológico, a la integridad de su ADN y un bajo nivel de estrés oxidativo.

“Diseñamos entonces un dispositivo que genera un gradiente similar al que tiene lugar en el tracto femenino y permite seleccionar los mejores espermatozoides y así incrementar la calidad espermática de la muestra, que puede ser utilizada luego en un procedimiento de fecundación asistida”, comenta Giojalas.

Para probar el dispositivo, experimentaron con un modelo de bovino in vitro. “Una vez seleccionados los espermatozoides, los pusimos a fecundar ovocitos y el porcentaje de embriones que progresan en el desarrollo aumenta unas tres veces” comenta la investigadora.

 

Aplicación clínica

A través de la obtención del subsidio PID Clínicos otorgado por el Fondo para la Investigación Científica y Tecnológica (FonCyT) con el objetivo de instalar la investigación científica y tecnológica dentro de los hospitales públicos, el grupo de Giojalas comenzó a trabajar muy recientemente de forma conjunta con el IUMER.

La participación de estos científicos del CONICET consiste, en primer lugar, en mejorar la eficacia de los tratamientos a través de la selección espermática aplicada a las muestras de semen, que luego será utilizado para las técnicas de fertilización de alta complejidad que allí se realizan. Estos tratamientos son, por un lado, la fecundación in vitro, que consiste en colocar el ovocito con muchos espermatozoides y que la fecundación se realiza “naturalmente”; y, por el otro, el ICSI, que es una inyección de un espermatozoide dentro de un ovocito.

“Los resultados obtenidos in vitro con bovinos permiten inferir el éxito que puede llegar a tener la selección espermática en el tratamiento de la pareja infértil. En animales vimos que aumenta entre dos y tres veces el desarrollo embrionario, por lo que se puede prever que los resultados en humanos van a ser similares. Es decir que si la muestra de la que se extraen los espermatozoides que fecundarán al ovocito es previamente seleccionada a través de nuestro dispositivo, existirá una probabilidad mayor de tener espermatozoides con mayor calidad fisiológica y, por ende, de tener un correcto progreso embrionario”, concluye Giojalas.
Además de mejorar el tratamiento para la pareja infértil, este desarrollo se puede emplear para diagnóstico en relación a la calidad espermática de un paciente hombre.

 

Y de vuelta al laboratorio

Sin embargo, el trabajo desde el IUMER va más allá de la mera aplicación de conocimientos. “La idea es generar un núcleo de investigación que vaya creciendo dentro del hospital que además de aportar sus saberes, pueda formar recursos que trabajen en cooperación permanente con nosotros, sin perder el nexo entre investigación y clínica. Ambos tenemos un tesoro en nuestras manos. Nosotros con la parte científica tecnológica, que necesita ser transferida; y el hospital tiene los pacientes, la casuística y los conocimientos para hacer los tratamientos. De esta manera se fortalecerá la investigación científica en un hospital público universitario, a la par de ayudar a la pareja infértil con tratamientos gratuitos que incorporan tecnología científica”, concluye Giojalas.

Sobre investigación:

* Laura C. Giojalas, Investigadora Principal, CONICET
Alejandro Guidobaldi, Investigador Adjunto, CONICET.
Anahi Franchi, Investigadora Asistente, CONICET.
Marisa Cubilla, Becaria Postdoctoral, FonCyT.
Maria Julia Figueras López, Becaria Posdoctoral, FonCyT.
Ayelen Moreno, Becaria Doctoral, CONICET.
Esteban Dominguez, Becario Doctoral, CONICET.
María Noel Gallea, Becaria Doctoral, FonCyT.

Por Mariela López Cordero- CCT Córdoba.

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